La mala motricidad, tanto fina como gruesa, puede tener un impacto significativo en el aprendizaje, afectando la coordinación, la atención, la concentración y la capacidad de realizar tareas escolares. Las dificultades motoras pueden generar frustración y desmotivación, lo que puede llevar a evitar actividades que requieren habilidades motoras finas.
Autonomía en la vida diaria La motricidad fina permite realizar tareas cotidianas esenciales como: Escribir a mano o usar un teclado Abrochar botones y cremalleras Cocinar, cortar alimentos o usar cubiertos Manejar herramientas o dispositivos electrónicos Una motricidad fina bien desarrollada mejora la independencia personal y funcionalidad en el hogar, el trabajo y la sociedad .
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